Adela Zamudio: agitadora, revolucionaria e incorregible

Adela Zamudio se mostró muy crítica con las grandes esferas sociales que oprimían y relegaban a las mujeres a un segundo plano. Denunció el “primitivismo patriarcal” y la dominación del hombre. Esto le causó grandes enfrentamientos, el más destacado, contra la Iglesia católica y el padre Francisco Pierini, en el que se involucraron periódicos, universidades y hasta el propio Gobierno de Bolivia.

Adela Zamudio se declaraba muy creyente, pero esto no le impidió ver las injusticias que cometía la Iglesia católica en aquella época. La primera crítica pública tomó la forma de poema en Quo Vadis (1903). En él, se dirigía a Dios para cuestionarle las conductas sociales de la Iglesia.

La Roma en que tus mártires supieron
En horribles suplicios perecer
Es hoy lo que Los cesares quisieron:
Emporio de elegancia y de placer.

Allá en tus templos donde el culto impera
¿Qué hay en el fondo? O lucro o vanidad.
¡Cuán pocos son los que con fe sincera
Te adoran en espíritu y verdad!

Además, Adela defendió una serie de ideas feministas y progresistas que no gustaron al seno de la Iglesia. Las principales propuestas eran crear un sistema educativo laico y gratuito, aprobar el matrimonio civil y el derecho al divorcio, y separar los poderes de la Iglesia y el Estado. Esto la llevó a fundar en 1905 el Liceo para Señoritas, donde abogaba por una educación basada en la equidad de valores entre hombres y mujeres.

Como consecuencia, el sacerdote Pierini, ultraconsevador y promotor de la Liga de las Señoritas Católicas, excomulgó a Adela e hizo una férrea defensa de los privilegios legales y fiscales de la Iglesia en el sistema educativo. El Gobierno de Bolivia, en ese momento, defendió a Adela y la puso al frente de la primera Escuela Fiscal de Señoritas. Por su parte, Pierini se enfrentó al Estado y a Adela al crear paralelamente la Escuela Superior de Señoritas, de ideas ultraconservadoras. Con ello pretendió anular la Escuela de Adela. Pierini movilizó a su Liga de Señoritas Católicas para organizar un gran concierto infantil y recaudar fondos. En ella, niños de cinco años representaban La viuda alegre de Lehar, donde se reproducían escenas misóginas, sexualizadas, y se veían atisbos de violencia de género. La contestación de Adela no tardó en producirse: el 23 de septiembre escribe un artículo muy crítico en El Heraldo:

La Liga de Señora Católicas ha presentado al público no un juguete dramático, no una pieza inocente interpretada por niñitas como se hizo otras veces, sino una función de gala según el gusto moderno. (…) Una nena de cinco años, defendiéndose con el abanico de los besos de un enamorado y cayendo luego en sus brazos desmayada, ha imitado con gracia igualmente asombrosa las añagazas de una coqueta resabida. Otra, esposa infiel de seis años, ha sido sorprendida y duramente increpada por el marido.

También, en la misma carta hizo una proclama de la verdadera moral cristiana:

Como educadora protesto en voz alta contra esas exhibiciones infantiles que no dicen bien de nuestra cultura. Ya que nuestras costumbres, poco definidas, nos inducen a explotar la gracia de los niños en beneficio de obras de caridad, bien o mal entendidas, sepamos por lo menos presentarlos sin escarnio de su inocencia.

Pierini continuó su cruzada personal contra Adela, publicando cartas en diversos periódicos. Adela contestó a una de ellas con lo siguiente:

Lo que evidentemente irrita a Ud. y le escandaliza es que, una cualquiera como yo, una mercenaria que gana el pan, tachada además de irreligiosidad, se haya atrevido a denunciar un error de matronas piadosas, ricas e influyentes. Si esa es la moral católica que Ud. tanto encomia, yo no la profeso ni la enseñaré jamás a mis alumnas. Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él.

A estas alturas, el conflicto era un debate nacional. Los periódicos y círculos intelectuales se radicalizaron. Por ejemplo, el periódico La Capital defendía que Adela no podía ser maestra por el simple hecho de estar soltera y no haber sido madre. Por el contrario, Adela contaba con el apoyo del Consejo Universitario de la UMSS, del diario La Mañana, y de los círculos intelectuales, entre los que destacaban los poetas como Rodolfo Soria Galvarro, Rosendo Villalobos, Franz Tamayo, Benjamín Guzmán, Gregorio Reynolds, Emilio Finot y Juan Francisco Bedregal. Además, “los círculos intelectuales de Cochabamba entraron en actividad y materializaron una simpática iniciativa, entregando a Adela Zamudio una artística pluma de oro, galardón de triunfo, con una tarjeta de ofrenda que llevaba más de un centenar de firmas de caballeros respetables y jóvenes distinguidos”.

Por último, en el mismo año en que se produce la polémica, en 1913, Adela publicó Rafagas, una colección de poesía, e Íntimas, su única novela, a las que la prensa y la sociedad le prestaron poca atención.

 

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